Muchas veces, y me atrevería a decir la mayoría de las veces, somos nosotras quienes pensamos en los detalles de casa.
Quienes recordamos fechas, buscamos regalos o intentamos encontrar ese pequeño gesto que haga sentir bien a los demás.
Cuando llega el Día del Padre, solemos pensar en algo que comprar.
Un detalle, un objeto, algo que envuelva bien la idea de decir “gracias por todo”.
Pero hay algo que casi nunca pensamos en regalar.
Un momento para parar.
Un momento de calma.
Un momento de cuidado.
Un momento que, en medio del ritmo de cada día, casi nunca encontramos.
Quizá este año el mejor regalo no sea algo que se envuelve sino un pequeño ritual de bienestar en familia
No siempre es falta de interés: a veces simplemente no encuentran el momento
Muchos padres pasan el día entre trabajo, responsabilidades y familia.
Y cuando llega el final del día, lo último en lo que piensan es en cuidarse.
No porque no lo necesiten, sino porque no siempre se dan permiso para hacerlo.
Y es que el autocuidado casi siempre se asocia más a las mujeres, pero el descanso, el bienestar o el sentirse bien con uno mismo no deberían tener género.
Y a veces solo es necesario algo muy sencillo para crear ese momento:
- Una tarde sin prisas
- Una conversación tranquila
- Un pequeño ritual de cuidado en casa
Porque cuidar también es hacer espacio para parar.
Pequeños rituales de cuidado para compartir en familia
El Día del Padre puede ser una excusa perfecta para crear un momento distinto en casa.
No tiene que ser algo complicado.
De hecho, cuanto más sencillo, más real suele ser.
Desde Real Earth os queremos dar algunas ideas.
Un momento de cuidado capilar
Dedicar unos minutos al cuidado del cabello puede ser una forma sencilla de parar.
Yo no me imagino a mi marido haciendose una mascarilla de Cassia porque le apetezca tener un momento para él. Pero cuando lo hacemos juntos,en familia o en pareja cuando los niños duermen, disfrutaría mucho de ese autocuidado.
Un momento de calma en casa
A veces el mejor regalo es simplemente crear el momento.
Un rato sin móviles.
Una conversación tranquila.
Un té o una infusión compartida.
Pequeños gestos que hacen que el día se sienta distinto.
Cuidar también es una forma de decir gracias
El Día del Padre no tiene por qué ser solo una fecha más en el calendario. Puede ser una oportunidad para recordar algo sencillo: “Cuidar también es querer” Y que a veces el mejor regalo no es algo que se compra. Es un momento de bienestar compartido. Este año quizá el mejor regalo no sea algo que se envuelve. Quizá sea ese momento en el que todos paramos un poco. Porque el cuidado, cuando se comparte, se convierte en algo más que un gesto.
Se convierte en una forma de estar juntos.